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La enfermera insaciable

Había ido al médico para un chequeo de rutina que tenía que hacerme para acceder a un seguro, pero resulto ser una de las experiencias más excitantes e inesperadas de mi vida. El Doctor no había llegado y según me contó Leticia, su enfermera, demoraría dos horas, así que podía esperarlo. La enfermera del médico era un mujerón. Tenía unos 25 años, delgada, pero de buen cuerpo. Una mamacita. Leticia trato de hacer más placentera mi espera y me dijo que me iba a medir la presión. Entró a la habitación con un tensiometro en su mano y una sonrisa en la cara. Entonces, me dijo que me desnudara y echase en la mesa de exámenes. Cuando lo hice, sentí una de sus manos acariciandome. con su otra mano buscaba entre mis piernas hasta que encontró lo que buscaba colgando y ya empezando a ponerse duro. En aquel momento empecé a incorporarme, pero muy seriamente me dijo: "No. Sigue echado y te haré algo delicioso." Yo seguí su consejo y separé aún más las piernas, ansioso de aceptar lo que quería hacerme. Puso su rostro entre mis nalgas y su lengua caliente empezó a lamer mi raya, mis testículos, mi ano.

Llegó a mi pene y se puso a lamerlo hasta ponerlo como un tronco, y después siguiendo metiendolo a su boca y con una voz de puta me dijo "Me gusta que mis pacientes se sientan bien y sé que los chequos son fastidiosos, por eso es que trato de recompensarlos. ¿Te gusta mis servicios?" en aquel momento le respondí afirmativamente y sentí que la iba a dar por lo que me relajé y deje de pensar en su culo y sus lamidas bucales. Pero Leticia seguía en lo suyo, chupando, mordiendo, manoseando. De pronto apuró su ritmo y movía su mano de arriba a abajo en toda la extensión de mi pene y con la otra mano apretaba mi culo. Era una glotona, le gustaba la pinga como dulce y empezó a corrermela sensacionalmente, por lo que segundos después derramé mi lechada a un costado de la mesa. seguía con su mandil. Cuando se lo desabotonó, pude darme cuenta que no tenía nada abajo. "Quiero que me caches con mi mandil y gorro puesto encima de la camilla." "¿Tienes condón?" "No. Quiero que me caches al natural". "Pero..." No termine de hablar y ella ya había empezando a moverse desesperadamente, como si fuera el último polvo de su vida.

Ella estaba encima mío, metía y sacaba su concha de mi miembro. Por momentos metía su cavidad y se empezaba a mover con el falo dentro suyo. Leticia sudaba al por mayor, su traje blanco se había mojado y a mí no me quedaba otra cosa más que sobar sus tetas, que de cuando en cuando llevaba a mi boca, para morder sus pezones. A veces se me pasaba la mano y ella chillaba de dolor. Pero luego le metía los dedos por el culo e inmeditamente se olvidaba de todo. "¿Te gusta mi culo?" me preguntaba. "Está muy bueno. Si quieres hacemos algo por ahí...". "No, porque el doctor se molesta cuando lo encuentra magullado. El dice que "el chico" no es para sus pacientes..." No me quedo otra que meterle dos polvos por adelante. Ella también llegó al o y gritó mucho.

Llegó otra jovencita, una practicante, y Leticia le dijo que así era como tenía que tratar a los pacientes. "En este policlínico los pacientes tienen atención total." Y así, la jovencita que tenía apariencia provinciana, de unos 18 años, se bajó el calzón y se colocó en un pequeño sofá. Mientras le introducía mi pedazo de carne, ella mordía los labios y cerraba los ojos. Mi pene estaba hinchado de tanto usarlo y como ella apenas pesaría unos 45 kilos y era bien flaquita, se notó que le dolió bastante, porque se puso roja y le caían lágrimas de los ojos. A mí me fascinaba que no me estaba cachando a una mujer trajinada y se le empecé a meter con más fuerza. Mientras más se quejaba, más pinga le metía, llegando a desmayarla justo cuando la llenaba de semen.

Leticia la reanimó. Cuando empecé a subirme los pantalones, vi como limpiaba la mesa con una toalla de papel y entonces se volvió hacia mí y me preguntó: "¿Te sientes mejor ahora?". Con una enfermera como Leticia, me convertí en un asiduo paciente, no porque estuviera enfermo, sino porque podía comerme las hembras que quería.